III Domingo de Cuaresma para comenzar los ritos de iniciación cristiana para los Catecúmenos. Pero, ¿Quiénes son ellos? Son los adultos que desean recibir el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía en la Vigilia Pascual tras ser admitidos por la Iglesia al proceso de formación y compromiso como candidatos.

En este día se inscriben sus nombres a este orden y se signan sus sentidos.

Dar frutos, como la higuera cada año,para que todos coman de ella.

La meta es que nuestros nombres permanezcan inscritos en el libro de la vida y nuestros sentidos pertenezcan por entero a Cristo.

Hagamos la renovación de la signación de nuestros sentidos con la Cruz del Señor los que somos bautizados, recordando las palabras de San Agustín de Hipona en De verb. Dom., serm. 31:

«También el colono que intercede representa a todo Santo que dentro de la Iglesia ruega por el que está fuera de ella, diciendo: «Señor, perdónala por este año (esto es, en este tiempo con tu gracia), hasta que yo cave alrededor de ella». Cavar alrededor es enseñar la humildad y la paciencia. Porque la fosa es la tierra humilde y el estiércol representa las inmundicias, pero da fruto. La inmundicia del cultivador es el dolor del que peca. Los que hacen penitencia la hacen sobre sus inmundicias, pero obran con verdad».

Confesemos el Credo de nuestro compromiso bautismal de dar el fruto de la justicia, de la paz y la solidaridad de la salvación.