Jueves de Lázaro, el mendigo muerto de hambre, sin hogar, ni parientes o amigos, y del rico glotón Y derrochador, cosas esta que aprendió de su familia.

Parábola del juicio final para que la Eucaristía que celebramos hoy sea una alarma estridente que despierte nuestra escucha y atención a Moisés y a los Profetas, y reaccionemos a favor del doble mensaje:

1- el abandono de los ídolos materiales y afectivos y

2-la justicia social que provee el Pan Digno para todos.

El Señor Resucitado de entre los muertos nos pide entregar a los necesitados nuestros excedentes que acumulados se pudren por la humedad, el polvo y las alimañas.

También se nos pide que no pase un día sin compartir con los más necesitados de lo tanto y tanto que tenemos para subsistir, y no solo de lo que nos sobra.

La Cuaresma nos recuerda que el Evangelio de Jesucristo y su Iglesia no ha cambiado. Somos nosotros que lo presentamos de forma pueril, superficial y al propio gusto e interés.

¡No queremos ir al infierno con el rico Epulón y su familia!.

Vamos a asistir a los mendigos, sin casa y desamparados para poder morar con ellos, junto a la familia eclesial, al recinto del Banquete Eterno.

¡Pidamos que todos nos liberemos del infierno con nuestro trabajo dedicado y generosidad superlativa con los pobres del cielo!