Comienzan los relatos de las confrontaciones de los judíos contra Jesús.
San Juan Evangelista nos guía durante las dos semanas finales de la Cuaresma de cada año en la Misa Diaria con este tipo de situaciones de gran tensión psicológica e incluso de agresiones físicas y persecuciones contra el Hijo de Dios.
Hasta la mínima expresión que decía.
Doquier anduviese vigilado.
Públicamente desafiado en su predica.
Quisieron amedrentarlo el gran número de opositores.
Amenazado de muerte, tuvo que huir y esconderse tantas veces hasta llegada su Hora.
La calma Jesús no perdía. No daba un paso atrás. Palabras descompuestas nunca profirieron sus labios.
Más no se calló, sino que manifestó la Verdad.
Su Padre Celestial es su sentido de vida. Pará llevarnos a Él ha venido su Hijo, y se ha quedado con nosotros en la Eucaristía.
Sin lugar a dudas aprendió el Hijo de Dios de San José, su Padre Adoptivo, ese temple, esa reciedumbre, sin albergar odios ni afán de venganza contra sus detractores o enemigos, y ni contra quienes le asediaban.
Su meta era muy clara y su voluntad hacer lo que su Padre le mandaba: sacrificarse por los malos y los buenos… salvarnos a todos. ¿A cuál de estos dos grupos perteneces?