Toda persona de buena voluntad, de bajo perfil, de presentación sobria y amable, de palabras suave y tono medido al hablar, y en especial, generosa en lo oculto en extremo, está con nosotros, con la Iglesia.
La familia de Dios ha de verse examinada en esas personas buenas que quizás no pertenecen a ella o no participan más de lleno en las prácticas religiosas eclesiales.
Las semillas del Verbo están allí. Esperan dar su fruto con nuestro trabajo mancomunado.
Después, el mismo San Juan Apóstol, pasará de la postura sectaria e interesada a ser el Discípulo Amado por su cercanía a la Mesa del Señor, por la escucha de su Sagrado Corazón en dicho convite, y por la adopción que hizo de su persona la Virgen María, Madre de todos los hombres.
Pero San Juan debe pasar con su hermano Santiago el mayor por el bautismo, el cáliz que bebió el Hijo de Dios en la Cruz para dejar de pedir que baje fuego sobre quienes les rechazaban, les hacían maldades y los expulsaban.
Y es que hasta que uno es despojado de todo, al abrazar la Pasión del Señor, uno asume y se identifica con los mismos sentimientos de humildad y entrega de Jesús Eucaristía.
El próximo miércoles será Miércoles de Cenizas, inicia la Cuaresma.