Somos frágiles y caducos. Hay que estar preparados. Convertirnos. Miremos la barba del vecino cogiendo fuego y afeitemos la nuestra. Jesús Viñador nos da prórroga. Enfermedades, accidentes, la partida de los seres queridos, los infortunios, y los atropellos de los demás son señales a las que hemos de hacer caso.
Tomar el camino del bien, abandonar las malas compañías y dedicarnos a dar vida a quienes lo necesitan.
La verdadera devoción a la Virgen María es salir de las cuatro paredes que nos aíslan y compartir a Jesús Eucaristía dando frutos de generosidad con quien está imposibilitado de salir adelante, en lugar de mantenerlos aplastados y sometidos al propio parecer.
Aprovechemos lo que queda de año litúrgico para ello.