La Liturgía Penitencial perfecta se realiza con las lecturas de esta jornada cuaresmal de cada año.
El Profeta Miqueas muestra al Dios que no tiene memoria de nuestros pecados cuando nos arrepentimos por las desgracias que nos acarrarrean la falta de hacer justicia, tener misericordia y el no ser humildes. Al fondo del mar echa el Señor nuestros pecados para que queden allí sepultados para siempre.
La Eucaristía recibida por manos de María Santísima, preparada por el Sacramento de la Reconciliación y los demás Sacramentos perdonarán al final de nuestros días nuestros pecados, curarán nuestras enfermedades y rescatarán nuestras vidas del sepulcro.
El hijo prodigio y el hijo fariseo no solo tienen un Padre Común Misericordioso, también son amparados por María Santísima, Madre de la Misericordia Divina, del Cordero Sacrificado para recibirnos en la Casa Eterna.
Nadie está solo ni desamparado si vive conforme al Camino de Dios.